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a) MODELO DE CONVIVENCIA

ÍNDICE
1. INTRODUCCIÓN. EL PUNTO DE VISTA SOBRE LA CONVIVENCIA ESCOLAR
2. HACIA UN MODELO INTEGRAL DE LA CONVIVENCIA EN LA ESCUELA
2.1. EL ENFOQUE DE LA CONVIVENCIA EN CASTILLA-LA MANCHA
2.2. UN MODELO PARA LA PROMOCIÓN DE LA CONVIVENCIA EN
CASTILLA-LA MANCHA
2.3. NIVELES DE INTERVENCIÓN
2.3.1. La participación de la comunidad local
2.3.2. La convivencia en el centro
2.3.3. La convivencia en el aula
2.3.4. Intervención individual
2.4. EL SISTEMA DE APOYO PARA LA PROMOCIÓN DE LA CONVIVENCIA
2.4.1. Formación del profesorado
2.4.2. Formación de la comunidad educativa
2.4.3. Asesoramiento
2.4.4. Difusión de materiales
2.4.5. Medidas complementarias

1. INTRODUCCIÓN. EL PUNTO DE VISTA SOBRE LA CONVIVENCIA ESCOLAR
Las escuelas son, a un tiempo, comunidades de convivencia y centros de aprendizaje.
En la primera de estas acepciones, se han de ocupar en la promoción de una cultura de paz,
en la que todos sus miembros sean partícipes y puedan desarrollarse en un clima positivo de
confianza. Para ello, deben poner en primera línea los valores morales, la solidaridad, la
tolerancia, el respeto mutuo, el compromiso, la interculturalidad, la conducta prosocial y los
derechos humanos.
En su segunda acepción, los centros educativos han de perseguir el éxito para todos,
fomentar unos aprendizajes socialmente valiosos que permitan a niños, niñas y jóvenes
progresar e insertarse con eficacia e inteligencia en los sucesivos contextos de desarrollo y, en
el futuro, en la vida adulta y activa.
Pero ambos aspectos, aprendizaje y convivencia, no pueden contemplarse por separado. No
se entiende la convivencia sin el aprendizaje, ni viceversa. No se previenen los problemas de
relación interpersonal sin favorecer el éxito, ni puede perseguirse éste sin un clima positivo
en el que aprender.
También sabemos que la ecuación no estaría completa si ignoramos que los niños, niñas y
jóvenes se educan y socializan en diferentes contextos de desarrollo: la escuela, la familia, la
comunidad. Por esta razón, los agentes educativos y sociales que actúan en estos diferentes
contextos deben ser copartícipes de una misma intención, con responsabilidades distintas
pero complementarias.
Educar para la convivencia es la forma esencial de la educación en valores y supone el
reconocimiento por todas las personas de los principios morales básicos a que hacíamos
referencia… La cultura de la convivencia exige que se cuestione cualquier tipo de
discriminación, intolerancia, indiferencia, conformismo e insolidaridad. Pero la educación
para la convivencia requiere, más que buenas teorías, mejores acciones y presupone una
permanente invitación a la acción, comenzando por el comportamiento y las actitudes de
todas las personas, tanto las que educan (profesorado y familia), como las que son educadas,
pues sabemos que cuanto más corta es la distancia entre lo que decimos y hacemos, más
eficaz es la labor que realizamos.
Con las acciones derivadas del Modelo de Convivencia pretendemos promover unos valores,
actitudes y conductas positivas para la interacción social, basados en los principios de los
derechos humanos y el rechazo de toda postura violenta o discriminatoria; proporcionar un
buen instrumento para construir una cultura democrática, participativa, tolerante y
respetuosa con las diferencias; y fundamentar compromisos y prácticas responsables de toda
la comunidad educativa, profesorado, alumnado, familias y personal de administración y
servicios.

2. HACIA UN MODELO INTEGRAL DE LA CONVIVENCIA EN LA ESCUELA
2.1. EL ENFOQUE DE LA CONVIVENCIA EN CASTILLA-LA MANCHA
Es frecuente dibujar un panorama en negativo de la convivencia, concibiéndola como un
problema ante el que se debe intervenir y frente al cual lo racional y verdaderamente
importante es buscar soluciones.
Sin embargo, la convivencia ha de abordarse en positivo; educar para la convivencia no es
renunciar a la existencia de conflictos sino saber enfrentarlos y superarlos positiva y
efectivamente.
Promover la convivencia escolar significa adoptar un enfoque proactivo y educativo, significa
trabajar por ella desde intenciones claras, legítimas y necesarias. La convivencia es un
objetivo fundamental del proceso educativo, proceso que conlleva actitudes de aceptación y
respeto, prepara al/a la niño/a y al adolescente para la vida adulta y facilita el clima escolar de
aprendizaje.
Significa también dar énfasis a lo preventivo, porque promueve la creación de un espacio y un
clima que previene la aparición de fenómenos disruptivos, perturbadores y violentos.
Y, por último, significa poner el foco en lo comunitario , porque para mejorar la convivencia es
importante el compromiso de todos: de la Administración; de la comunidad en su conjunto;
del profesorado comprometido a impulsar, en el desarrollo de su actividad docente, la
formación en valores; de las familias, sin cuya colaboración no se puede llevar a cabo una
educación coordinada en sus principios y acciones; y, por supuesto, de los alumnos y
alumnas, que deben colaborar en la concienciación de todos sus compañeros sobre la
necesidad de actuar en la prevención y en la solución de los conflictos.
El objetivo último de la educación para la convivencia es promover unas buenas relaciones
sociales entre todos los miembros de la comunidad educativa, lo cual requiere, al menos, lo
siguiente:
· Mantener una visión positiva del conflicto, como algo consustancial al ser humano y
habitual en la vida cotidiana y que, bien resuelto a través del consenso y la
negociación, implica un enriquecimiento mutuo.
· Promover la participación como objetivo educativo y valorar la comunicación como
elemento fundamental para la mejora de la participación.
· Considerar el centro como una comunidad de convivencia constituida por distintos
subsistemas, como una unidad de convivencia configurada a partir de la coexistencia
y articulación de varios grupos humanos.
· Promover el establecimiento de un sistema de normas elaboradas democráticamente
que sean el reflejo de la participación, el diálogo y el consenso de la comunidad
escolar.
· Educar para la convivencia, esto es, educar en valores fundamentales de ciudadanía,
respeto, justicia, tolerancia, solidaridad y compromiso con el bien común.
· Dar la máxima importancia a la organización y gestión del aula, como espacio
privilegiado en el que tienen lugar la mayor parte de las transacciones
interpersonales, así como a la metodología de enseñanza y aprendizaje.
· Impulsar la creación de estructuras para la mejora de la convivencia y la resolución
pacífica de conflictos.
· Favorecer el desarrollo socioafectivo y el conocimiento de los otros, afrontando el reto
de enseñar y aprender a vivir consigo mismo y con los demás, y teniendo como
objetivo explícito del currículo la alfabetización emocional.
En resumen, la escuela debe estar comprometida en la tarea de sensibilizar en torno a los
valores propios de la convivencia y las conductas que pueden perturbarla; prevenir la
aparición de conflictos y, sobre todo, el afrontamiento negativo de los mismos; identificar y
detectar posibles situaciones que atenten contra la dignidad de las personas, como el
maltrato por abuso de poder entre iguales; e intervenir, no sólo como reacción ante los
problemas, sino también para fomentar un mejor clima de centro y unas buenas relaciones
interpersonales.
2.2. UN MODELO PARA LA PROMOCIÓN DE LA CONVIVENCIA EN CASTILLA-LA
MANCHA
Algunos autores han descrito tres modelos distintos de gestión de la convivencia, que
conllevan una regulación más o menos formal de la misma1:
· El modelo sancionador, coercitivo o punitivo, que se basa en la aplicación de sanciones
como principal medida para el tratamiento de la convivencia.
· En el modelo relacional las partes en conflicto, por propia iniciativa o animados por
otros, buscan la solución a sus problemas de manera que, a través del diálogo, tratan
de llegar a la resolución del conflicto.
· El modelo integrado da un paso más, transcendiendo el acto privado en el que se
puede convertir el acuerdo del modelo relacional puro; lo fundamental del mismo es
que los procedimientos para la resolución de conflictos quedan recogidos en el
reglamento de convivencia del centro y se apoyan en estructuras que potencien el
diálogo, como los equipos de mediación y las fórmulas para incrementar la
participación.
Estos modelos tienen repercusiones diferentes sobre la reparación del daño, la reconciliación
entre las partes y la resolución del conflicto. Así, tanto el modelo relacional como el integrado
permiten una reparación directa a la víctima, buscan activamente una mejora de las
relaciones interpersonales y favorecen que los conflictos subyacentes, que se basan en las
distintas necesidades, intereses y valores de las partes en litigio, puedan ser escuchados y
por tanto atendidos y resueltos.
Estos tres modelos no deben verse como contrapuestos; de hecho, la opción por un modelo
integrado no excluye, sino todo lo contrario, la necesidad de adoptar, en determinados
momentos y circunstancias, medidas de tipo punitivo o coercitivo.
1 Torrego, J.C. (coord.) (2006) Modelo integrado de mejora de la convivencia. Barcelona: Editorial Graó.

En Castilla-La Mancha, abogamos por un tratamiento integrado de la convivencia, cuyas
condiciones serían las siguientes2:
· La construcción de un marco curricular y organizativo que acoja iniciativas para
mejorar la convivencia y que sea él mismo un ejemplo vivo de convivencia
democrática.
· La coexistencia de distintos responsables para la mejora de la convivencia, en
particular equipos de mediación y resolución negociada de conflictos, sin que ello
suponga que sólo a ellos compete la intervención.
· La elaboración democrática de normas y el fomento de la participación de la
comunidad educativa.
Este modelo se denomina integrado porque se inserta en el curículo, esto es, en el núcleo
mismo del proceso de enseñanza-aprendizaje, y también en la cultura organizativa del
centro.
Pero además de un enfoque integrado, la educación para la convivencia requiere un enfoque
integrador, puesto que debe incorporar actuaciones en diversos ámbitos y que afectan a
diversos niveles vinculados unos con otros: comunidad local, centro, aula e individual.
2.3. NIVELES DE INTERVENCIÓN3
2.3.1. La participación de la comunidad local
La sensibilización de la comunidad es un aspecto clave para la promoción de la convivencia,
si bien no se trata de un asunto fácil de tratar. Habitualmente, suele hacerse a través de la
difusión de folletos, carteles, cuñas radiofónicas o televisivas, etc. sobre paz, no-violencia y
prevención del maltrato.
Pero lo realmente eficaz es integrar estas acciones dentro de planes locales, con participación
de los distintos agentes implicados. Hay que establecer mecanismos de coordinación entre
los centros educativos y los servicios e instituciones externas, potenciando el funcionamiento
de consejos escolares municipales o comités locales para la gestión de las actuaciones
socioeducativas y, entre ellas, la promoción de la convivencia en la comunidad.
2.3.2. La convivencia en el centro
Los desencuentros en torno a las medidas más convenientes para mejorar la convivencia
proceden, con frecuencia, de puntos de vista distintos y sensibilidades diversas sobre el
concepto de convivencia y la mejor forma de regularla.
2 Adaptado de Torrego, J.C. (coord.) (2006) Modelo integrado de mejora de la convivencia. Barcelona: Editorial Graó.
3 Véase Martín, E. et al. (2003) La intervención para la mejora de la convivencia en los centros educativos: modelos
y ámbitos. Infancia y aprendizaje, 26 (1)79 – 95.

Por eso, es imprescindible partir de una toma de conciencia, valorando el clima de centro y
las actitudes y concepciones del profesorado, el alumnado y las familias, así como
emprender campañas de sensibilización dirigidas a la comunidad educativa.
En el nivel de centro, el instrumento más utilizado para regular la convivencia ha sido el
Reglamento de régimen interior, si bien, con frecuencia, se trata de algo poco participativo y
flexible, que se limita a un mero catálogo de deberes y sanciones.
Estas limitaciones se deben superar, para convertirlo en un instrumento que facilite la vida
diaria y permita el aprendizaje de la convivencia. La organización del centro ha de cambiar a
partir de la participación. Todos los miembros de la comunidad educativa (alumnado,
profesorado, familias y personal de administración y servicios) aportan experiencias
enriquecedoras y deben participar en la definición del proyecto educativo y la elaboración de
las normas de convivencia, organización y funcionamiento.
Pero, más allá de las reglas del juego que regulan el funcionamiento del centro, el currículo
se configura como el eje principal del quehacer educativo, tanto en lo que corresponde a las
clásicas asignaturas como en materia de educación en valores y convivencia. Tanto los
contenidos como, sobre todo, las estrategias y actitudes docentes, los agrupamientos, el uso
de los espacios y tiempos escolares, los métodos de trabajo en el aula, las tareas escolares y la
forma e instrumentos de la evaluación, constituyen los elementos clave para transmitir un
determinado modelo de convivencia.
Si ello es así, y como ocurriría con cualquier otra intervención educativa, es imprescindible
evaluar las actuaciones realizadas, lo que puede hacerse mediante una autoevaluación
institucional en el marco de la evaluación interna del centro.
Pero esta evaluación no debe limitarse a la incidencia de conflictos, sino que debe contemplar
los cambios a medio y largo plazo en el clima del centro y el desarrollo socio-afectivo del
alumnado.
2.3.3. La convivencia en el aula
En este nivel, se hace necesario adaptar la normativa de funcionamiento al aula, acercándola
al alumnado y dándole la oportunidad de participar en su elaboración. Por esta razón, es
muy importante que existan normas de aula elaboradas democráticamente.
Por otro lado, los propios contenidos curriculares y los procesos de enseñanza-aprendizaje
tienen incidencia en el clima y, por tanto, son elementos imprescindibles para un tratamiento
global de la convivencia. Así, es preciso adecuar los contenidos, organizarlos y secuenciarlos
teniendo en cuenta las necesidades de aprendizaje del alumnado; adoptar metodologías de
enseñanza más participativas y variadas; y prestar atención a diferentes formas de
agrupamiento, para facilitar la interacción entre los alumnos y de éstos con el profesor.
Estos dos aspectos, la elaboración de normas de aula y los cambios curriculares y
metodológicos, requieren una fuerte coordinación horizontal del profesorado, esto es, un
compromiso de los equipos docentes para trabajar de acuerdo con principios compartidos.
No olvidamos, por supuesto, la acción tutorial, que tiene una importancia crítica en la mejora
de la convivencia, por cuanto permite abordar la mejora de la competencia social del

alumnado, así como garantizar la atención individualizada a todos aquellos que se
encuentren implicados en situaciones de violencia escolar.
No obstante, la educación en valores y normas no compete sólo al tutor o tutora, sino que
debe ser asumida por todo el profesorado, constituyendo un eje vertebrador del currículo y
una práctica constante y visible.
2.3.4. Intervención individual
La promoción y mejora de la convivencia y del clima escolar previene, pero no impide, la
aparición de problemas graves en las relaciones interpersonales, ante los cuales se hace
imprescindible intervenir de forma clara.
La intervención individual en temas de convivencia adopta con frecuencia la forma de
protocolos de actuación, que ayudan a tener presentes las fases y dimensiones que se deben
contemplar ante fenómenos específicos. A esto responde el protocolo sobre maltrato entre
iguales publicado en Castilla-La Mancha4, que especifica las actuaciones que deben seguirse
para la detección, intervención y, en su caso, derivación a otras instancias.
El uso de protocolos no agota la intervención sobre la convivencia, sino que siempre ha de
apoyarse en otras actuaciones –previas, concurrentes o futuras-, de carácter preventivo y
comunitario, cuyo objetivo último será promover unas buenas relaciones sociales entre todos
los miembros de la comunidad educativa.
Pero la intervención preventiva y la intervención a través de protocolos no exime del
cumplimiento de la normativa de convivencia del centro, lo que supondrá aplicar las
medidas previstas en el caso de conductas contrarias a la misma.
En cualquier caso, la intervención individual para la mejora de la convivencia debe ir
dirigida a dotar al alumnado de las herramientas necesarias para favorecer el desarrollo
socioafectivo y el aprendizaje de valores cívicos a través de la adquisición de competencias
interpersonales.
2.4. EL SISTEMA DE APOYO PARA LA PROMOCIÓN DE LA CONVIVENCIA
2.4.1. Formación del profesorado
El Plan regional de Formación del profesorado es el instrumento que permite garantizar un
número suficiente de actividades de formación para responder a las necesidades e iniciativas
de los centros docentes, establecidas a partir de la evaluación interna, y, al tiempo, a los
planes estratégicos de la Administración.
Pero no todos los tipos y contenidos de la formación proporcionan conocimientos y
estrategias valiosos para el modelo de convivencia que defendemos, por lo que resulta
necesario establecer unos criterios, parámetros, condiciones y contenidos básicos.
4 Resolución de 20-1-06 (DOCM de 31 de enero de 2006)

Entre los contenidos, se debería incluir la metodología docente y la organización social del
aula, con el objeto de que las clases sean más motivadoras, de que se empleen agrupamientos
más variados y de que el docente disponga de recursos para hacer frente a la disrupción.
También se ha de incluir el conocimiento de diversas estrategias específicas de intervención,
entre las cuales se han mostrado de interés la mediación y los sistemas de ayuda entre
iguales.
En cuanto a los criterios, quizá el primero y principal sea el hecho de que la formación más
eficaz es la que tiene el centro como base y, por lo tanto, la que no se produce en abstracto,
sino que está ligada a la realización de proyectos y la puesta en marcha de actuaciones
concretas. De esta manera, podrá contribuir a promover los cambios metodológicos que sean
necesarios, los cuales, a su vez, deben facilitarse en el propio centro por medio de cambios
organizativos y estructurales.
En este tema en particular, un formato relevante consiste en facilitar el intercambio de
experiencias con profesores y centros que están llevando a cabo proyectos innovadores, los
grupos de trabajo intercentros y los grupos de apoyo entre docentes.
2.4.2. Formación de la comunidad educativa
Buena parte de los programas de mejora de la convivencia, en particular los relativos al
funcionamiento de equipos de mediación y tratamiento de conflictos, requieren de la
actuación combinada de profesorado, familias, alumnado y personal de administración y
servicios. Se ha mostrado que la formación conjunta de los miembros de estos diferentes
sectores de la comunidad educativa es la mejor garantía de éxito de los programas.
Así pues, una formación de calidad en convivencia es aquella que aborda, conjuntamente, la
capacitación de todos los miembros de la comunidad educativa en las técnicas y principios
apropiados.
Disponemos, en la actualidad, de recursos, procedimientos y convocatorias que nos permiten
dar respuesta a este tipo de formación, tales como el programa de Actividades extracurriculares
y las actividades formativas realizadas por las AMPAs.
Sin embargo, tanto los centros educativos, como principalmente los CeP y CRAER, tienen un
papel esencial, porque deben contribuir a que esta formación resulte pertinente para las
actuaciones concretas de promoción de la convivencia que los centros educativos se
plantean.
2.4.3. Asesoramiento
La puesta en marcha de programas de convivencia requiere contar con estructuras de apoyo
y asesoramiento a los centros y al profesorado.
El modelo de orientación de Castilla-La Mancha ha apostado por incorporar a los
orientadores/as a las plantillas ordinarias de los centros, lo que favorece el trabajo con el
profesorado y las familias.

Por otro lado, los educadores sociales, en IES, y los profesores técnicos de formación
profesional de servicios a la comunidad, en Infantil y Primaria, son recursos para la
intervención socioeducativa que contribuyen a la mejora de la convivencia y la prevención y
seguimiento del absentismo escolar.
En lo que respecta al asesoramiento externo, el Centro de profesores (CEP) o Centro de recursos y
asesoramiento a la escuela rural (CRAER) que corresponda es el referente más inmediato, tanto
para la formación como para el asesoramiento en materia de convivencia. Y los Centros
territoriales de Recursos para la Orientación, la Atención a la diversidad y la Interculturalidad
(CTROADI) proporcionan un apoyo experto, a través de su colaboración con los CEP y
CRAER y de la selección y elaboración de instrumentos y materiales especializados.
2.4.4. Difusión de materiales
Existe información sobre programas de convivencia que se han mostrado eficaces, así como
documentos y guías que deben ponerse a disposición del profesorado, el alumnado, las
familias y la comunidad, a través de la web y de publicaciones en papel.
Pero será fundamental la producción y edición de materiales propios, que se acomoden al
contexto castellano-manchego y faciliten a nuestros centros una buena comprensión y
utilización de las herramientas más eficaces en materia de convivencia escolar.
2.4.5. Medidas complementarias
La iniciativa de los centros constituye la base real de la práctica educativa. Dicha iniciativa
debe ser consecuencia de la autoevaluación y reflexión compartida en el propio centro, que
se organiza para educar en la convivencia y que busca, por sí mismo, los apoyos que pueda
necesitar en su entorno próximo: familias, entidades e instituciones de la comunidad local,
etc.
Son muchas las actuaciones que, en virtud de estas iniciativas, han puesto en marcha los
colegios e institutos de nuestra comunidad autónoma, pero su diversidad y cuantía hacen
difícil catalogarlas y clasificarlas. Esta variedad es, al mismo tiempo, su fortaleza -porque son
fácilmente adaptables a la realidad cambiante- y su debilidad -porque a veces adolecen de
sistematización, permanencia o rigor.
Por otra parte, estas iniciativas encuentran vías para concretarse en las diferentes
convocatorias o programas de colaboración existentes, como por ejemplo: Proyectos de
innovación educativa, entre cuyos contenidos encontramos la convivencia, la paz, el encuentro
entre culturas, la solidaridad y el voluntariado; Proyectos europeos Sócrates, algunos de los
cuales se plantean de manera explícita el tema de la convivencia escolar; y Programa de
actividades extracurriculares, que enfrenta la formación integral del alumnado a través de la
educación no formal incorporando actividades de educación para la convivencia.
Finalmente, algunos planes institucionales de mejora propuestos por la Administración
educativa tienen entre sus contenidos la promoción de la convivencia. Así, el Plan de Mejora
de la ESO permite la presentación de proyectos de convivencia y regula la dedicación horaria
del profesorado; el Modelo de Educación Intercultural y Cohesión social tiene uno de sus pilares
en la educación para la convivencia en un marco intercultural; y los Programas de cooperación
territorial (PROA) incluyen entre sus objetivos la mejora de la convivencia dentro de un
enfoque amplio de actuación del centro.

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